Día 11.
Taganga es un pueblo de pescadores que vive completamente del turismo. La playa con sus barcas tiene encanto y muchas de sus calles están sin asfaltar, aunque estan iluminadas y son mucho más transitadas que las de Palomino.
Tiene un par de playas mucho más bonitas que las de Santa Marta o Rodadero ( no tiene punto de comparación).
Así que si estáis por Santa Marta, pillad un bus local dirección Taganga y en 15 minutos podréis disfrutar de una excelente playa.
Llegamos ya de noche, fuimos para
nuestro nuevo y fugaz hogar y salimos a cenar algo.
Dimos una vuelta por las calles principales y por el paseo marítimo y nos decantamos por una pizzería muy pequeña y con muy buena pinta, pero con que era muy tarde se les había acabado la masa y fuimos en busca de otra pizzería.
Encontramos una local que tenía 3 mesas en la calle siempre llenas. Al tener una disponible esta vez, nos sentamos y nos comimos una pizza grande entre los dos con unas cervezas.
Al acabar, regresamos al hostal y caímos
rendidos pensando en el día que nos esperaba en playa Cristal al día siguiente.
Día 12.
A veces las cosas no salen como uno las planea. Quizás tienes pendiente hacer algo concreto y todo cambia por algo inesperado. En nuestro caso, nuestro plan hizo un giro de 180 grados.
En la mayoría de viajes largos que he hecho, el cuerpo reacciona según se va adaptando a la cocina de cada país: especias, ingredientes, salsas, frutos...
A nosotros nos llegó ese momento en que por más que salga el sol (como era el caso) no íbamos a disfrutar del día debido a una indigestión.
Así que cambiamos de planes, abortamos misión playa Cristal y tiramos de medicamentos, un asiento cómodo y aire acondicionado con dirección a Cartagena.
Habíamos reservado en las afueras, en un alojamiento que se veía muy bien con un 9.5 en Booking.
Al llegar, anduvimos caminando un buen rato hasta que encontramos el hotel. El barrio no nos inspiró mucha confianza y más bien nos sentimos inseguros por momentos, pero finalmente dimos con nuestro alojamiento.
La Villa del Mar está en la Boquilla, a las afueras de Cartagena. Tiene comentarios muy buenos, sobre todo de Rodrigo, el propietario que te atiende personalmente para que te sientas como en casa.
Llamamos a la puerta pero nadie nos atendió y estuvimos esperando un rato allí, incomunicados al no tener Wifi. De pronto salieron 2 chicas y un chico del hotel y les preguntamos por el dueño el cual estaba haciendo algunos recados.
Nos invitaron a esperar dentro del hotel, nos dieron la llave y se fueron tras decirnos que el señor Rodrigo estaba de camino y que cerráramos la puerta con llave.
Cuando entramos vimos un jardín bien arreglado que se comunicaba directamente con la playa a través de una puerta de madera. Las habitaciones giraban en torno al patio y en un rincón había una piscina... con el agua verde.
Rodrigo llegó y se disculpó por no haber estado allí, nos comentó que se le había estropeado la bomba del agua de la piscina y que tenía que repararla y que de hecho, había bloqueado todas las habitaciones porque no quería ofrecer un servicio a medias.
Nos ofreció quedarnos igualmente pese a todo, pero preferimos irnos al centro para tener todo más a mano. Queríamos priorizar la calidad del lugar en vez de la localización, y nos salió el tiro por la culata.
Rodrigo se ofreció para llevarnos al centro de Cartagena de forma gratuita y nos recomendó algunos alojamientos.
Tras despedirnos de él, nos cargamos las mochilas y dimos una vuelta por las calles de Getsemaní, el barrio bohemio de la ciudad. Finalmente, volvimos a seguir la recomendación para Cartagena que nos pasó Cristina y dimos con el hostel One Day.
La localización es súper céntrica, se sirve desayuno y hay café y té en cualquier momento del día. Tiene habitaciones para compartir y otras que son privadas y nosotros elegimos esta última opción.
Noa enviaron al edificio de al lado, donde habían varias habitaciones ( 5 en total), con las que compartíamos una cocina y una azotea con terraza y jacuzzi.
Después de cenar algo ligero, nos fuimos a descansar para estar listos para el día siguiente. Solo habíamos hecho que llegar pero ya estábamos ansiosos por descubrir la bella Cartagena de Indias.



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