jueves, 25 de julio de 2019

Quito y alrededores (primera parte).

Día 16: llegada a la ciudad.

El vuelo hasta llegar al país vecino solo demoró una hora. 
Después de pasar el control de inmigración, salimos del aeropuerto con la intención de llegar hasta la terminal de autobuses en taxi.

Antes de irnos nos encontramos con una chica americana en la misma situación, pero ella solo tenía billetes grandes y no encontraba la manera de cambiar un billete de 100$, así que la invitamos a venir con nosotros.

Una vez en la estación de autobuses de Esmeraldas,  nos dio tiempo a comer algo en un restaurante chino antes de salir dirección Quito.

A pesar de que las 6 horas de viaje se hicieron largas, el viaje salió mucho más económico que el vuelo hasta Quito directamente. 

Llegamos a las 23:00 y la temperatura había bajado considerablemente. Estábamos bastante cansados y después de discutir con un par de taxistas para que nos llevaran a nuestro hostal por un precio justo, desistimos por el cansancio y “nos dejamos engañar” prometiéndonos utilizar Uber en la
medida de lo posible.

Una vez llegamos a la casa de las culturas San Marcos, una casa centenaria en pleno centro de Quito, nos acomodamos en una habitación amplia con vistas a la ciudad y nos arropamos con todo lo que pudimos debido al frío repentino que nos aguardaba en nuestro nuevo destino.

Día 17: el casco antiguo.

Parece mentira como una cama y una ducha pueden recuperar el estado físico. Una vez recuperados, fuimos a desayunar donde Amador, uno de los dueños, nos explicó el origen de la cultura Ecuatoriana, desde los Quitus caras, pasando por los Incas y acabando con los colonizadores.

Además, nos explicó el proyecto de la casa de las culturas, donde aparte de hospedaje, esta casa rehabilitada de más de 300 años promueve un intercambio cultural entre artistas de diferentes países que hacen exposiciones, talleres o contribuyen directamente decorando diferentes partes de la casa.

Después del desayuno nos fuimos a visitar el panecillo. Esta colosal escultura (es más grande que el Corcovado de Brasil), fue un regalo de España a Ecuador y se trata de la Virgen de Quito con alas angelicales hecha en aluminio y cuya altura es de 41 metros contando la base.

Este monumento está en la parte alta de la
ciudad, al sur del casco antiguo, así que nos quedaba un buen trecho de subida hasta lograr la cima.

Salimos con el gps marcando la ruta y tras callejear un poco ascendimos por unas escaleras que nos llevarían hasta arriba.

Por el camino encontramos una cárcel transformada en un centro social, donde estaban haciendo desfiles de ropa de comerciantes locales. 

Una vez arriba disfrutamos de unas vistas panorámicas de la ciudad y tras un rato allí volvimos a bajar a pie, aunque más tarde supimos que esa no era precisamente la mejor opción.

Llegamos hasta la plaza de San Agustín y allí comimos algo en el café del punto de encuentro del Free walking Tour Ecuador, donde haríamos un recorrido guiado por el centro de la ciudad.

El guía del Tour se llama Ethiel y superó todas nuestras expectativas. Además de hacernos un recorrido exquisito describiendo y explicando la historia de diferentes joyas arquitectónicas, hicimos una parada en un café y tuvimos una conversación muy interesante hablando de muchos temas de actualidad del país. Además de ser un auténtico viajero, ya que había vivido en diferentes partes del mundo, nos recomendó varios lugares de Ecuador y la compañía de buceo con la que más adelante bucearíamos en las islas Galápagos.

Al acabar el tour, fuimos a hacer una compra al supermercado y nos dimos un capricho en el restaurante Vista Hermosa. Tal y como indica el nombre, la panorámica del casco antiguo es espléndida al igual que la comida. Disfrutamos de una velada fantástica acompañada de un magnífico concierto de piano. Un lugar especial sin duda y 100% recomendable.

Al acabar regresamos dando un paseo hasta el hostal. Había sido un día formidable y al día siguiente nos esperaba el punto que divide la mitad exacta del planeta.

https://drive.google.com/uc?export=view&id=1gBXfMEj39hFftWyJspJIhNtnstWpEoPv
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1EAK5JHqkbLPH3g_ML7LJXNK-Tk4faUqghttps://drive.google.com/uc?export=view&id=1lJieoyUY67eDXRyTXHo6mvUNkdAaJSXq
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1e0L0bbZ6KPm_YkIBOYZUnKtubnxr9dEj
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1zkwarQubV56BrxuuzngtWaHQitD3cdUg
https://drive.google.com/uc?export=view&id=14si_zH-UzJq9-q64JOOg5oEchUm-sFJr
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1fjhvzPu5JORjnELtkQXgbrf-ep3w1P5M
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1u8Uibuj8UgKlnT0xCsRXPuK6m2d6jFQ3
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1kM7M7M7JI7WxWef6ZsP3FmAMIOyna3KQ

Día 18: la mitad del mundo.

Después de desayunar y conversar con Edna y Rubí, que nos trataban como si fuéramos de la familia, nos dirigimos a la estación de autobuses la Marín para llegar en transporte público a la mitad del mundo.

Después de unos cuantos autobuses públicos, llegamos hasta nuestro destino, el parque de la mitad del mundo, un recinto donde además de recorrer diferentes atracciones y puntos de información relacionadas con la línea del Ecuador, también se puede visitar un planetario, admirar bailes regionales o dar de comer a las llamas.

Entre otras cosas, hicimos el experimento de mantener un huevo en equilibrio sobre la cabeza de un clavo. Al estar en el Ecuador, las posibilidades son mucho más altas de conseguirlo, pero ni aún así lo pude realizar, al contrario que Nadia, que sí lo consiguió.

Una curiosidad del monumento de la mitad del mundo es que no está en el punto exacto del GPS del centro del planeta, ya que los científicos franceses que hicieron la medición de la línea ecuatorial en 1736 tuvieron un pequeño error de cálculo.

Realmente, el punto con la verdadera latitud 0• 00’ está unos 300 metros más al norte, donde se halla el Museo Solar inti Ñan.
Este lugar cuenta con más experimentos para comprobar que se está en la línea ecuatorial, el verdadero punto de la mitad del mundo e información y materiales de los Quitus cara, así como información y degustación del cacao Ecuatoriano.

Aunque el otro parque es muy turístico y merece la pena verlo, nosotros nos quedamos con este museo.

Al volver, pillamos un autobús directo a Quito pero nos dejó en el Panecillo. Esta vez subimos hasta arriba de la escultura para divisar la panorámica de noche.

Tanto unos policías que habían allí, como Ethiel durante el tour por el centro, nos desaconsejaron subir o bajar al panecillo a pie, ya que se habían cometido robos y asaltos. En nuestro caso la información llegó demasiado tarde, pero esta vez esperamos a un taxi para que nos llevara a la pintoresca calle de la Ronda para cenar algo.

Una vez allí fuimos a un buen restaurante de carne porque queríamos probar el cuy, que es una comida típica de Ecuador y Perú donde se cocina la carne de cobaya asada, o  con otras palabras el hámster que se tiene como mascota en muchos países.

El lugar para probar este manjar fue el restaurante leña quiteña, donde nos sirvieron todo con muy buena presentación y buenos acompañamientos. 

Cada vez que como carne de un nuevo animal, siempre la comparo con la carne de pollo, y en esta ocasión cabe decir que la carne de cuy estaba más buena y sabrosa.

Después de poner un check más a la lista de cosas que teníamos que hacer en este viaje, regresamos de nuevo al hostal dando un paseo. Al día siguiente nos esperaba un día de shopping pero no en un centro comercial, sino en el mercado indígena de Otavalo.

https://drive.google.com/uc?export=view&id=1ELLo6IhYJAayB7HhP3nZJiddZgGqJWnD
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1geLrt-G3ir8HM5qkyESySEFdDnDQ5LIl
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1FwlInZ446k1gJ49-FmQVctNsN_SKEe1F
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1rCaJLK62s3wtK7hykVfAS8g_BEwK_Fga

https://drive.google.com/uc?export=view&id=1Y4N1ct60dZQhcdMsTxzjLXTWxNkbrYOD
https://drive.google.com/uc?export=view&id=17lZzBeFLnvZzOLLNj7_KHJueRwulXCHY
https://drive.google.com/uc?export=view&id=15yJsNlS_O2WuW5NW6gMik1-6yT7y0Xxh
https://drive.google.com/uc?export=view&id=11qBLIlb4nu1sCkk9-AX74b6hJsT0DAbb
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1deXqUEd0VyoBgNZ-ytrEd_QCd4YUpPwr
https://drive.google.com/uc?export=view&id=19u0Qg4lmWMpKq9a2tE-G6WBhCVG36vO3
https://drive.google.com/uc?export=view&id=11Dfs-2LkA43gVAxZR0Rvc_XzcJ9ChqHg
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1QhBxjpgBov5NJH7v7mV11FYW7xRIVkTh

Día 19: el mercado de Otavalo.

Este día no fue como otro cualquiera.

A pesar de que teníamos que salir temprano, esa mañana estuve entreteniéndome con todo y Nadia me estuvo esperando mucho tiempo. Eso, más el hecho que yo quería ir a la estación de la Marín para pillar el bus y ella quería ir a la estación Marín central, hizo que decidiéramos ir cada uno por su lado para encontrarnos más tarde en el mercado.

De esta forma, me dirigí hacia la terminal terrestre de la Marín, pillé un autobús dirección a la terminal terrestre de Carcelén, y allí tomé otro autobús dirección Otavalo.

Una hora y media más tarde, después de recorrer los 97 km que separaban ambas ciudades, el autobús me dejó en la rotonda de Otavalo, justo a las afueras.

Puse el Gps dirección a la plaza principal de Otavalo y allí aproveché para sacar dinero, comprar una tarjeta móvil Ecuatoriana de la compañía “Claro”  para tener Internet y poder llamar y tomar algunas fotos.

No paraba de preguntarme en que punto estaría Nadia y a cada paso que daba, ya sea en las estaciones de autobús o por las calles de Otavalo, iba buscando para ver si la encontraba, pero no se dio el caso.

Después me fui hacia la plaza de los ponchos, donde se halla el famoso mercado.
Muchos indígenas estaban danzando al ritmo de bailes regionales a la entrada del mercado, justo enfrente de unas gradas que aproveché para ver si veía a Nadia desde lo alto y para tomar algunas fotos.

Seguidamente, me introduje en los laberínticos pasillos del mercado, y estuve mirando los productos artesanales: pinturas, pulseras, ropa, materiales hechos de alpaca, minerales, bolsos...Había de todo. 

Al girar cada esquina, esperaba encontrarme
con Nadia y no podía parar de pensar si habría llegado, si habría comido ya y como nos íbamos a encontrar.

Muchos comerciantes me instigaban a comprar pero a todos les respondía que ahora no podía porque estaba buscando a mi mujer.

De repente vi que me había enviado un mensaje de Whats app preguntándome dónde estaba. Supuse que aprovechó algún momento de Wifi para escribirlo, así que le
respondí y le dije que estaba en el mercado de Otavalo desde hacía un rato y que me hallaba en la plaza de los ponchos.

Una vez le contesté, me compré un jersey con capucha hecho de alpaca después de regatear un poco y busqué en la Lonely Planet algún sitio para comer.

Acabé comiéndome una focaccia deliciosa con un cappuccino en la cafetería Cosecha Coffee Shop, pero aún no había recibido ninguna respuesta.
 
Cuando salí, me metí de nuevo en el mercado, giré a la izquierda y allí estaba ella.
En ese momento sentí mariposas en el estómago y me cambió el semblante. Fui hasta allí, la abracé y nos sonreímos mutuamente a la vez que los vendedores decían que por fin había llegado el marido.

Después del reencuentro, estuvimos paseando por el mercado, regateando y comprando cosas. Después volvimos a la cafetería donde había comido y nos tomamos algo mientras nos explicábamos como había ido el día.

Ya se estaba haciendo tarde y todavía habían algunas cosas que nos estábamos pensando comprar. Fuimos a una parada
donde hacían postales a mano con materiales naturales, pero ya habían recogido la parada y la señora nos invitó a ir a una casa donde tenían almacenado todo. 
Una vez dentro saludamos a los indígenas que nos íbamos encontrando y compramos las postales ansiadas. 

Ya era hora de volver a Quito y cogimos un bus hasta la terminal Carcelén y desde allí un Uber hasta nuestro hostal.

Por el camino fui pensando en como íbamos a meter todo lo que habíamos comprado en las mochilas y de como había echado de menos a Nadia en aquellas circunstancias. Nunca más lo volveríamos a repetir. 

Había sido un día diferente, donde habíamos conocido a los indígenas de Otavalo, los más prósperos de Sudamérica gracias al comercio que llevan desempeñando durante siglos sin perder nunca su sonrisa.

Cuando nos dimos cuenta, estábamos preparando las mochilas y distribuyendo todo para dejar lo innecesario en el hostal mientras nos llevábamos lo indispensable a las Galápagos, uno de los platos fuertes del viaje. Al acabar, con toda la ilusión del mundo, nos fuimos a dormir.

https://drive.google.com/uc?export=view&id=1KVXzWyg9IDO6y_ZyAkXAsiwTWBAWgaMQ
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1p1BWOwRiJ1GiSkjvLyksfMamyl9rzuKF
https://drive.google.com/uc?export=view&id=13PBqJO9m2PkkAi7M9o9W0jrzWtkrC9KW
https://drive.google.com/uc?export=view&id=16JmumMeUQ5NsbA69QeNKCZJOgDSKOUvY
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1FBZawA0laRAUFN1mIsdSxTJ9LBjvop3Hhttps://drive.google.com/uc?export=view&id=1niIzcIr2h-ekl6mOEbGpRu_L_uK-2rCE
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1mlA-lca1QvIi9uUgjy_JWQ99S7DP5MX0
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1lpFqPOE7pmFEBOsaz2TNno-f0URF9AhP
https://drive.google.com/uc?export=view&id=1Rwdw0VTFqKAAs0fQCh44kTInLtI8zcSL
https://drive.google.com/uc?export=view&id=13x07bjRufOMJ7BsWaH3nv8zWJE_YBZeO

martes, 23 de julio de 2019

Entre palmeras gigantes.

Día 15.
Nos levantamos bien temprano y desayunamos para cargar pilas, ya que teníamos que pasar el día en el valle del Cocora y volver a Pereira para irnos a Palmira y pasar allí la noche para estar cerca del aeropuerto de Cali, ya que nuestro vuelo a Esmeraldas (Ecuador) saldría a primera hora del día siguiente.

Ante tanta actividad pendiente, salimos dirección a la terminal terrestre de Pereira siguiendo las instrucciones del gps a la vez que recorríamos las calles de una zona muy humilde de la ciudad.

El autobús no tardó en llegar y una hora más tarde estábamos en Salento. Andamos unos 15 minutos hasta la plaza central del pueblo donde unos cuantos Jeeps descansaban aparcados, esperando a los turistas que como nosotros, querían desplazarse al valle del Cocora.

Después de esperar a que llegaran suficientes personas para llenar el Jeep, pagamos 8000 pesos cada uno por un viaje de ida y vuelta y nos montamos en el todoterreno.

Por el camino ya se podía apreciar la belleza del paisaje y después de 20 minutos en un divertido trayecto llegamos hasta el municipio de Cocora.

Emprendimos una caminata por una pista sin asfaltar con el fin de ascender a las montañas que rodean el valle del Cocora y disfrutar de unas vistas únicas gracias a su bosque de palmeras centenarias, las más altas y antiguas del planeta.

Al avanzar vimos un camino alternativo de pago que subía directamente atravesando el valle, pero habíamos leído un blog que decía que no se tenía que pagar nada y seguimos avanzando.

Al cabo de un rato, el sendero se estrechó, cruzamos un río y subimos paulatinamente de forma paralela al cauce. Un par de puentes colgantes nos llevaron hasta otro camino pero éste era mucho más empinado y estrecho.

Seguimos ascendiendo una hora más y el camino casi desapareció entre la maleza, teniendo que ir apartando toda clase de plantas a nuestro paso. En ese momento la aplicación “Maps me” nos fue de gran ayuda porque cuando te descargas los mapas también incluyen las pistas de montaña, cosa que fue vital para orientarnos por la jungla.

Durante algunos momentos pensamos en volver atrás, porque no estábamos seguros
a donde nos conduciría el camino o en que estado se encontraría más adelante.
En las casi 3 horas que duró el ascenso solo vimos a un par de mochileros que desaparecieron misteriosamente, cosa que dio mucho juego para bromear sobre las posibles almas, entes o visiones.

Finalmente, llegamos a la cima muy cansados y aprovechamos para sentarnos y comer unos bocadillos y algo de fruta. Una vez recuperados, seguimos camino abajo hasta una bifurcación donde el camino continuaba subiendo hasta la casa de los colibríes o en cambio bajaba hasta el valle.

Debido al tiempo que nos quedaba, elegimos la bajada con el fin de llegar a tiempo a coger el Jeep y estar puntuales en Salento para regresar en autobús a Pereira de nuevo.

Al caminar unos metros cuesta abajo, dimos con una especie de control donde se tenía que pagar para circular por el camino de vuelta. Con que eso tampoco aparecía en el blog que leímos, le comentamos al guardia que nosotros no habíamos pagado al subir y que habíamos subido a través de la jungla, y el señor nos dijo que ese camino estaba en desuso y que no era recomendable y que en la actualidad todo el mundo sube y baja por los caminos habilitados con peaje (3000 pesos por persona, equivalente a un dólar). En ese momento nos miramos y  lo entendimos todo.

Bajando,  disfrutamos de unas vistas privilegiadas del valle y paramos constantemente para fotografiarnos con las famosas palmeras.

Al llegar a la parte más baja del valle, nos adentramos en una explanada rodeados de palmeras y nos tumbamos a descansar un rato después de la última sesión de fotos. ¡Incluso me quedé dormido durante unos 15 minutos!

Después de ese momento tan especial de conexión con ese impresionante paraje, nos apresuramos para bajar y llegar a tiempo para montarnos en el Jeep de vuelta.

Bajamos corriendo el tramo final al ver que el Jeep estaba lleno y se disponía a partir, pero finalmente llegamos a tiempo en el último momento. Para sorpresa nuestra, con que todas las plazas del 4X4 estaban ocupadas, hicimos el trayecto de pie en la parte trasera del vehículo a la vez que nos agarrábamos a las barras de seguridad del techo. ¡Fue muy emocionante!

Íbamos a contrarreloj y al llegar a Salento salimos disparados hacia la parada del autobús porque tan solo quedaban 10 minutos para que saliera, y tras una intensa carrera volvimos a llegar por los pelos.

Una vez en el autobús respiramos aliviados y nos sentimos afortunados de habernos despedido de Colombia en un sitio tan especial. Acto seguido caimos rendidos y nos echamos nuestra típica cabezadita de regreso. 

Al llegar a la Terminal terrestre de Pereira, tomamos un taxi para ir hasta el Hostel, pillar las mochilas grandes, bajar de nuevo al taxi e ir de nuevo a la estación de autobuses para esperar a nuestro próximo transporte.

Antes de partir, nos hicimos unos bocadillos y nos bebimos unas cervezas de la comida que habíamos comprado la noche anterior y justo al acabar, nos vimos  de nuevo en otro autobús, esta vez en dirección a Palmira.

Unas horas más tarde nos despertaron para avisarnos de nuestra parada, y tras colgarnos las mochilas, iniciamos somnolientos una corta caminata hasta llegar al hostal que habíamos reservado y que nos permitiría descansar hasta que sonara la alarma del despertador.

Día 16.
Después de unas cuantas horas de sueño, un taxi nos llevó al aeropuerto y allí desayunamos y tramitamos el equipaje e imprimimos las tarjetas de embarque.

La primera etapa de nuestro viaje quedaba atrás así como nuestro paso por Colombia, un país que nos había tratado de maravilla, donde su gente nos había acogido siempre con una sonrisa con el fin de ver salir adelante a su nación, a la vez que intentaban borrar la imagen del largo castigo que el azote de la guerra y el narcotráfico habían dejado en la proyección del país.

Hoy en día, Colombia es un territorio variado y multicultural, tiene una biodiversidad envidiable y los colombianos, que son encantadores, intentan que tu tiempo allí se convierta en una experiencia inolvidable. Esbozando una sonrisa por todo lo vivido y sintiendo una gran emoción por lo que quedaba por descubrir, embarcamos con destino Esmeraldas, nuestra puerta de entrada al siguiente país de nuestra aventura.


















lunes, 8 de julio de 2019

Pereira, café en el campo.

Día 14.

Llegamos al aeropuerto de Pereira bien temprano. Es un aeropuerto pequeño, casi sin servicios a excepción de un quiosco que representaba un punto de información turística.

Allí preguntamos como llegar hasta el centro de Pereira y donde visitar una hacienda cafetera y nos dieron información de ambas cosas.

Íbamos cargados con todo el equipaje y tras un trayecto en autobús esquivando una manifestación por el centro de la ciudad, llegamos finalmente a la plaza principal.

Habitualmente, solemos reservar un día antes para así tener un lugar al que ir en cuanto llegamos a un sitio, pero esta vez no lo habíamos hecho y necesitábamos conexión a internet para encontrar algún alojamiento en Booking.

Dimos unas cuantas vueltas antes de encontrar el Sky Lounge, un restaurante situado en la azotea de un hotel en la plaza principal, justo detrás del Ayuntamiento.

Allí comimos y elegimos nuestro nuevo hogar, el Baladar Hostel. Se trata de un hostel con todas las comodidades mochileras: buen ambiente, buenas áreas compartidas, habitaciones espaciosas con techos altos, cocina y una agradable zona de juegos con jardín donde sirvieron unos excelentes desayunos.

Casualmente, muchos de los huéspedes habían salido ese mismo día y teníamos el hostel prácticamente para nosotros.

Una vez acomodados, Nadia concertó una visita a la Hacienda que nos habían recomendado: la Divisa de Don Juan. Así que pedimos un Uber para dirigirnos hacia allí cuanto antes.

La casa está en medio de un Edén de arboles frutales, plantaciones de café y de banano. Al fondo, las montañas y un valle precioso forman un escenario perfecto, haciendo de este un lugar idílico para aprender sobre el proceso de plantación y elaboración del café.

Una vez en la finca, Liliana nos recibió sonriente y nos sirvió un excelente café bajo unas vistas espectaculares  mientras nos explicaba los orígenes de la plantación y de su familia. Todo el negocio lo empezó su padre (el señor Don Juan) y con el paso de los años transmitió la pasión por esta vida a las futuras generaciones.

Hoy en día sus hijas llevan la empresa familiar y su madre, ya viuda, aporta su experiencia con anécdotas y con mucho cariño.

Después de la cálida bienvenida, nos pusimos manos a la obra y nos repartieron un cesto, un sombrero y un poncho para limpiarnos en caso necesario.

A partir de aquí perdimos la noción de tiempo en cada paso de la elaboración del café, desde la germinación y la plantación (plantamos dos árboles y nos prometimos volver algún día para ver el resultado), pasando por varias fases hasta llegar al secado, empaquetado y etiquetado.
Durante todo este tiempo, Liliana nos explicó detalladamente toda la secuencia con ejemplos prácticos donde nosotros realizábamos la tarea, siguiendo el recorrido por la propiedad. A su vez, también íbamos degustando directamente los frutos de los diferentes árboles ¡así dio gusto trabajar! 

Al acabar el recorrido, volvimos al punto de partida donde nos ofrecieron 4 maneras diferentes de preparar un café. Elegimos una que se hacía a presión  con un aparato portátil que no habíamos visto nunca y lo preparó delante nuestro. 

El café estuvo exquisito y lo acompañamos con una tarta de zanahoria casera para
deleite de nuestras papilas gustativas.
Mientras tanto, estuvimos hablando de las sensaciones que habíamos tenido durante la experiencia, y lo escribimos en su libro de visitas. 

Finalmente, les compramos un paquete de café y nos despedimos de todos efusivamente como si de nuestra familia se tratara. Fue una experiencia inolvidable.

El mismo Uber nos pasó a buscar y regresamos por el mismo camino hasta el hostel. Fuimos a un supermercado cercano y compramos la cena para cocinarla.

Después de cenar, estuve conversando con Federico, parte del staff del hostel y juntos vimos el Argentina-Paraguay.

Si algún día tenéis que comprar un billete de avión y encontráis una buena oferta,  no debéis pensarlo y compradlo si tenéis la oportunidad. Eso mismo pensamos cuando vimos que el vuelo que teníamos mirado desde Cali hasta Quito había desaparecido.
Así que como alternativa compramos un vuelo desde Cali hasta Esmeraldas (Ecuador) y desde allí nos desplazaríamos en autobús hasta Quito a través de los 320 Km y las 6 horas que lo separan.

Con los billetes comprados y sabiendo que nos quedaban menos de 48 horas en Colombia, nos fuimos a dormir pensando en nuestra última y más espectacular aventura en este país: el increíble valle del Cocora y sus palmeras centenarias.

















Quito y alrededores (primera parte).

Día 16: llegada a la ciudad. El vuelo hasta llegar al país vecino solo demoró una hora.  Después de pasar el control de inmigración, ...