martes, 2 de julio de 2019

Cartagena de Indias, una belleza entre murallas.

Día 12.

Nos levantamos temprano, desayunamos y salimos en busca del free walking tour de la ciudad para empaparnos de la cultura y la historia de este emblemático lugar.

Después de andar un rato, reparamos en que el día iba a ser muy caluroso, ya que era bien temprano y sin embargo íbamos buscando la sombra por el camino.

Cuando llegamos al punto de encuentro el calor pasó a sofoco, la humedad era altísima y el sol picaba como si sus rayos traspasaran una lupa. Aprovechando el momento, los vendedores de sombreros y agua hacían su particular agosto mientras esperábamos a que comenzase el tour.

El itinerario fue muy ameno, empezando desde la muralla y acabando en la universidad de Cartagena, donde descansa en una urna la mitad de las cenizas de Gabriel García Márquez (la otra mitad está en Mexico D.F., donde vivió la última etapa de su vida).

El guía iba haciendo preguntas y daba postales de Cartagena a quien respondiera correctamente y esto hizo que fuera más entretenido.

Las casas coloniales del centro histórico eran impresionantes, pintadas de vivos colores, custodiadas por una puerta enorme por donde se podía entrar con carruaje y dotadas con un balcón de madera característico de la época.

El centro histórico era el núcleo señorial de las grandes fortunas en la época y el actual
barrio de Getsemaní fue construido por los esclavos que quedaron libres.

Como principal puerto comercial entre la colonia y la metrópolis, Cartagena fue asediada en múltiples ocasiones por piratas y bandos enemigos. Por ese motivo construyeron la muralla que rodea la ciudad y un sistema de defensa inexpugnable.

El intento de invasión más famoso y numeroso fue el que protagonizó el ejército inglés con el corsario Francis Drake a la cabeza, en el año 1741. El número de naves desplegadas era tal, que se le compara con el desembarco de Normandía en la Segunda Guerra Mundial.

Después de sumergirnos en una época de piratas, colonizadores, esclavos y recorrer paralelamente por lugares de la vida de Gabriel García Márquez, nos entró hambre y acabamos en el Pezetarian, un japonés de fusión con ramen, sushi y ensaladas con productos locales. 

Salimos muy satisfechos del restaurante porque todo estuvo muy bueno y continuamos nuestro camino hasta el castillo de San Felipe. El calor persistía y tuvimos que refrescarnos con unos helados por el camino.

Una vez allí nos hicimos unas fotos y buscamos el monumento a los zapatos viejos dedicado al poeta cartagenero Luís Carlos López. Es una escultura con dos botas viejas gigantes hechas en bronce basadas en el soneto “A mi ciudad nativa”.

Seguidamente volvimos al centro para contratar un tour a las islas del Rosario para el día siguiente y para  seguir fotografiando el centro histórico. Sin duda, fue la ciudad más bonita hasta el momento. Con el crepúsculo, farolas alumbraban y decoraban las preciosas plazas y calles y carrozas de caballos tentaban a los turistas para hacer un recorrido por el centro histórico. 

Cuando cayó la noche compramos algo en un supermercado y preparamos dos ensaladas completas que cenamos tranquilamente en la terraza de la azotea.

El día había sido intenso y caluroso y en más de una ocasión echamos de menos un baño para refrescarnos. Queríamos aprovechar al máximo la playa al día siguiente, ya que no pudimos disfrutar de playa Cristal en Tayrona. Por eso, nos fuimos a dormir enseguida cual niño en la víspera de una excursión.




















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