Día 15.
Nos levantamos bien temprano y desayunamos para cargar pilas, ya que teníamos que pasar el día en el valle del Cocora y volver a Pereira para irnos a Palmira y pasar allí la noche para estar cerca del aeropuerto de Cali, ya que nuestro vuelo a Esmeraldas (Ecuador) saldría a primera hora del día siguiente.
Nos levantamos bien temprano y desayunamos para cargar pilas, ya que teníamos que pasar el día en el valle del Cocora y volver a Pereira para irnos a Palmira y pasar allí la noche para estar cerca del aeropuerto de Cali, ya que nuestro vuelo a Esmeraldas (Ecuador) saldría a primera hora del día siguiente.
Ante tanta actividad pendiente, salimos dirección a la terminal terrestre de Pereira siguiendo las instrucciones del gps a la vez que recorríamos las calles de una zona muy humilde de la ciudad.
El autobús no tardó en llegar y una hora más tarde estábamos en Salento. Andamos unos 15 minutos hasta la plaza central del pueblo donde unos cuantos Jeeps descansaban aparcados, esperando a los turistas que como nosotros, querían desplazarse al valle del Cocora.
Después de esperar a que llegaran suficientes personas para llenar el Jeep, pagamos 8000 pesos cada uno por un viaje de ida y vuelta y nos montamos en el todoterreno.
Por el camino ya se podía apreciar la belleza del paisaje y después de 20 minutos en un divertido trayecto llegamos hasta el municipio de Cocora.
Emprendimos una caminata por una pista sin asfaltar con el fin de ascender a las montañas que rodean el valle del Cocora y disfrutar de unas vistas únicas gracias a su bosque de palmeras centenarias, las más altas y antiguas del planeta.
Al avanzar vimos un camino alternativo de pago que subía directamente atravesando el valle, pero habíamos leído un blog que decía que no se tenía que pagar nada y seguimos avanzando.
Al cabo de un rato, el sendero se estrechó, cruzamos un río y subimos paulatinamente de forma paralela al cauce. Un par de puentes colgantes nos llevaron hasta otro camino pero éste era mucho más empinado y estrecho.
Seguimos ascendiendo una hora más y el camino casi desapareció entre la maleza, teniendo que ir apartando toda clase de plantas a nuestro paso. En ese momento la aplicación “Maps me” nos fue de gran ayuda porque cuando te descargas los mapas también incluyen las pistas de montaña, cosa que fue vital para orientarnos por la jungla.
Durante algunos momentos pensamos en volver atrás, porque no estábamos seguros
a donde nos conduciría el camino o en que estado se encontraría más adelante.
En las casi 3 horas que duró el ascenso solo vimos a un par de mochileros que desaparecieron misteriosamente, cosa que dio mucho juego para bromear sobre las posibles almas, entes o visiones.
Finalmente, llegamos a la cima muy cansados y aprovechamos para sentarnos y comer unos bocadillos y algo de fruta. Una vez recuperados, seguimos camino abajo hasta una bifurcación donde el camino continuaba subiendo hasta la casa de los colibríes o en cambio bajaba hasta el valle.
Debido al tiempo que nos quedaba, elegimos la bajada con el fin de llegar a tiempo a coger el Jeep y estar puntuales en Salento para regresar en autobús a Pereira de nuevo.
Al caminar unos metros cuesta abajo, dimos con una especie de control donde se tenía que pagar para circular por el camino de vuelta. Con que eso tampoco aparecía en el blog que leímos, le comentamos al guardia que nosotros no habíamos pagado al subir y que habíamos subido a través de la jungla, y el señor nos dijo que ese camino estaba en desuso y que no era recomendable y que en la actualidad todo el mundo sube y baja por los caminos habilitados con peaje (3000 pesos por persona, equivalente a un dólar). En ese momento nos miramos y lo entendimos todo.
Bajando, disfrutamos de unas vistas privilegiadas del valle y paramos constantemente para fotografiarnos con las famosas palmeras.
Al llegar a la parte más baja del valle, nos adentramos en una explanada rodeados de palmeras y nos tumbamos a descansar un rato después de la última sesión de fotos. ¡Incluso me quedé dormido durante unos 15 minutos!
Después de ese momento tan especial de conexión con ese impresionante paraje, nos apresuramos para bajar y llegar a tiempo para montarnos en el Jeep de vuelta.
Bajamos corriendo el tramo final al ver que el Jeep estaba lleno y se disponía a partir, pero finalmente llegamos a tiempo en el último momento. Para sorpresa nuestra, con que todas las plazas del 4X4 estaban ocupadas, hicimos el trayecto de pie en la parte trasera del vehículo a la vez que nos agarrábamos a las barras de seguridad del techo. ¡Fue muy emocionante!
Íbamos a contrarreloj y al llegar a Salento salimos disparados hacia la parada del autobús porque tan solo quedaban 10 minutos para que saliera, y tras una intensa carrera volvimos a llegar por los pelos.
Una vez en el autobús respiramos aliviados y nos sentimos afortunados de habernos despedido de Colombia en un sitio tan especial. Acto seguido caimos rendidos y nos echamos nuestra típica cabezadita de regreso.
Al llegar a la Terminal terrestre de Pereira, tomamos un taxi para ir hasta el Hostel, pillar las mochilas grandes, bajar de nuevo al taxi e ir de nuevo a la estación de autobuses para esperar a nuestro próximo transporte.
Antes de partir, nos hicimos unos bocadillos y nos bebimos unas cervezas de la comida que habíamos comprado la noche anterior y justo al acabar, nos vimos de nuevo en otro autobús, esta vez en dirección a Palmira.
Unas horas más tarde nos despertaron para avisarnos de nuestra parada, y tras colgarnos las mochilas, iniciamos somnolientos una corta caminata hasta llegar al hostal que habíamos reservado y que nos permitiría descansar hasta que sonara la alarma del despertador.
Día 16.
Después de unas cuantas horas de sueño, un taxi nos llevó al aeropuerto y allí desayunamos y tramitamos el equipaje e imprimimos las tarjetas de embarque.
La primera etapa de nuestro viaje quedaba atrás así como nuestro paso por Colombia, un país que nos había tratado de maravilla, donde su gente nos había acogido siempre con una sonrisa con el fin de ver salir adelante a su nación, a la vez que intentaban borrar la imagen del largo castigo que el azote de la guerra y el narcotráfico habían dejado en la proyección del país.
Hoy en día, Colombia es un territorio variado y multicultural, tiene una biodiversidad envidiable y los colombianos, que son encantadores, intentan que tu tiempo allí se convierta en una experiencia inolvidable. Esbozando una sonrisa por todo lo vivido y sintiendo una gran emoción por lo que quedaba por descubrir, embarcamos con destino Esmeraldas, nuestra puerta de entrada al siguiente país de nuestra aventura.

















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