lunes, 8 de julio de 2019

Pereira, café en el campo.

Día 14.

Llegamos al aeropuerto de Pereira bien temprano. Es un aeropuerto pequeño, casi sin servicios a excepción de un quiosco que representaba un punto de información turística.

Allí preguntamos como llegar hasta el centro de Pereira y donde visitar una hacienda cafetera y nos dieron información de ambas cosas.

Íbamos cargados con todo el equipaje y tras un trayecto en autobús esquivando una manifestación por el centro de la ciudad, llegamos finalmente a la plaza principal.

Habitualmente, solemos reservar un día antes para así tener un lugar al que ir en cuanto llegamos a un sitio, pero esta vez no lo habíamos hecho y necesitábamos conexión a internet para encontrar algún alojamiento en Booking.

Dimos unas cuantas vueltas antes de encontrar el Sky Lounge, un restaurante situado en la azotea de un hotel en la plaza principal, justo detrás del Ayuntamiento.

Allí comimos y elegimos nuestro nuevo hogar, el Baladar Hostel. Se trata de un hostel con todas las comodidades mochileras: buen ambiente, buenas áreas compartidas, habitaciones espaciosas con techos altos, cocina y una agradable zona de juegos con jardín donde sirvieron unos excelentes desayunos.

Casualmente, muchos de los huéspedes habían salido ese mismo día y teníamos el hostel prácticamente para nosotros.

Una vez acomodados, Nadia concertó una visita a la Hacienda que nos habían recomendado: la Divisa de Don Juan. Así que pedimos un Uber para dirigirnos hacia allí cuanto antes.

La casa está en medio de un Edén de arboles frutales, plantaciones de café y de banano. Al fondo, las montañas y un valle precioso forman un escenario perfecto, haciendo de este un lugar idílico para aprender sobre el proceso de plantación y elaboración del café.

Una vez en la finca, Liliana nos recibió sonriente y nos sirvió un excelente café bajo unas vistas espectaculares  mientras nos explicaba los orígenes de la plantación y de su familia. Todo el negocio lo empezó su padre (el señor Don Juan) y con el paso de los años transmitió la pasión por esta vida a las futuras generaciones.

Hoy en día sus hijas llevan la empresa familiar y su madre, ya viuda, aporta su experiencia con anécdotas y con mucho cariño.

Después de la cálida bienvenida, nos pusimos manos a la obra y nos repartieron un cesto, un sombrero y un poncho para limpiarnos en caso necesario.

A partir de aquí perdimos la noción de tiempo en cada paso de la elaboración del café, desde la germinación y la plantación (plantamos dos árboles y nos prometimos volver algún día para ver el resultado), pasando por varias fases hasta llegar al secado, empaquetado y etiquetado.
Durante todo este tiempo, Liliana nos explicó detalladamente toda la secuencia con ejemplos prácticos donde nosotros realizábamos la tarea, siguiendo el recorrido por la propiedad. A su vez, también íbamos degustando directamente los frutos de los diferentes árboles ¡así dio gusto trabajar! 

Al acabar el recorrido, volvimos al punto de partida donde nos ofrecieron 4 maneras diferentes de preparar un café. Elegimos una que se hacía a presión  con un aparato portátil que no habíamos visto nunca y lo preparó delante nuestro. 

El café estuvo exquisito y lo acompañamos con una tarta de zanahoria casera para
deleite de nuestras papilas gustativas.
Mientras tanto, estuvimos hablando de las sensaciones que habíamos tenido durante la experiencia, y lo escribimos en su libro de visitas. 

Finalmente, les compramos un paquete de café y nos despedimos de todos efusivamente como si de nuestra familia se tratara. Fue una experiencia inolvidable.

El mismo Uber nos pasó a buscar y regresamos por el mismo camino hasta el hostel. Fuimos a un supermercado cercano y compramos la cena para cocinarla.

Después de cenar, estuve conversando con Federico, parte del staff del hostel y juntos vimos el Argentina-Paraguay.

Si algún día tenéis que comprar un billete de avión y encontráis una buena oferta,  no debéis pensarlo y compradlo si tenéis la oportunidad. Eso mismo pensamos cuando vimos que el vuelo que teníamos mirado desde Cali hasta Quito había desaparecido.
Así que como alternativa compramos un vuelo desde Cali hasta Esmeraldas (Ecuador) y desde allí nos desplazaríamos en autobús hasta Quito a través de los 320 Km y las 6 horas que lo separan.

Con los billetes comprados y sabiendo que nos quedaban menos de 48 horas en Colombia, nos fuimos a dormir pensando en nuestra última y más espectacular aventura en este país: el increíble valle del Cocora y sus palmeras centenarias.

















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